martes, 21 de octubre de 2014

Equilibrio, por Daiana Henderson



Papá aflojó los tornillos
para que aprendiera
a andar sin rueditas.
Ella me llevó a la vereda de tierra
que rodea al hipódromo,
justo enfrente de casa.
Y cuál es la necesidad
de aprender a sostener
mi cuerpo todo de nuevo.
Le hice prometer que no
me soltaría por nada del mundo,
giraba apenas mi cuello
para ver que ella siguiera ahí,
corriendo justo detrás mío,
agarrándome de la parte baja del asiento.
"Yo no te suelto -me decía-,
yo no te suelto",
pero para ese entonces
ya estaba pedaleando sola
y no me daba cuenta
de cómo ella se alejaba de mí,
aun quedándose quieta
entre los troncos viejos y gruesos.
Me enojé tanto cuando me dí vuelta
que rechacé ese objeto
a un costado de la vereda
y quise volver a casa.
Ahora voy esquivando colectivos,
haciendo finitos, calculo
el tiempo exacto para pasar en rojo
y no morir en el asfalto,
pero así y todo no voy a reconocerlo.
He decepcionado muchas veces a mi madre
y sé que seguiré haciéndolo.
No hay lugar en el mundo
para dos personas iguales,
ni siquiera lo hay en una casa,
y por eso me fui apenas terminada escuela.
Pero es necesario para que mamá aprenda.
El equilibrio se fabrica con la distancia,
si nos quedamos quietas
seguramente nos vamos a caer.
Ahora rebobino el cassette
y resulta que soy yo la que se aleja
mientras ella se queda parada,
palideciendo bajo el sol de un domingo.
Pero yo no te suelto, mamá,
yo no te suelto.

Del libro "Un foquito en medio del campo", 2013. 
Ilustración: Collage de Alejandra Correa.

Daiana Henderson. Argentina. 1988.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Archivo Niños, por Darío Fantacci, Pedro Mainardi y Santiago Fredes

En esta muestra se recopila el trabajo realizado por el Grupo Niños desde sus orígenes, nueve años atrás. Se plantea como una puerta de acceso al proceso creativo que dio origen y sostuvo a la revista Niños Ultramundo, donde anualmente Darío Fantacci, Pedro Luis Mancini y Santiago Fes editan sus historietas (www.revistaultramundo.blogspot.com).


En esta muestra se integra la obra de varios artistas invitados al proyecto que exhiben objetos, mini set de animación, cuadros, cortometrajes y música. El mundo de la infancia aparece tamizado por intervenciones con espíritu de cómic y collage de objetos.

"Se puede describir el ultramundo como quien describe un paisaje. Podemos ver allí un bosque con animales extraordinarios y dóciles, junto a deformes con obsesivos encuentros tentaculares. A un lado se observa un vasto desierto donde se cuentan historias al calor de las fogatas. Rodeada por bosque se levanta una ciudad hostil, fantasmal y misteriosa (...) Siguiendo la ruta hacia el norte comenzamos a ver los humos de la basura incendiada. Ahora divisamos personajes con vidas en descomposición y comunidades de niños que sobreviven al imposible. El basural, tanto o más grande que la ciudad, se diluye en colinas, pastizales y más allá nuevamente el bosque, territorio donde todo convive bajo la protección de la naturaleza", señala el texto que da la bienvenida a la muestra.










La muestra celebra además, el premio a la edición que recibió días pasados, el libro Niños de la basura, (una historieta escrita y dibujada por de Darío Fantacci) en Tecnópolis, dentro de la Feria Comicópolis, editado por Panxa Cómics.




"Niños de la basura cuenta la historia de siete niños que viven en un basural gigante, alejado de toda civilización. Todo comienza con la aparición del primero de los siete. El aprende a vivir solo con la ayuda de una gata. Poco a poco se encuentra con seis compañeros que forman la comunidad de los Niños de la Basura. El encuentro con la civilización genera un choque que rompe con el frágil equilibrio de sus vidas. Esto los obligará a buscar un nuevo rumbo", se explica en la solapa del libro, originalmente editado en París (Francia) por la editorial Les Enfantes Hirondelle.




Tanto el Archivo, como las diferentes ediciones de Ultramundo, el libro Niños de la basura y el poder gravitatorio del grupo, crean un universo que invita a ser visitado.

Exposición en Ambos Mundos. Chubut 855, San Isidro (Pcia de Buenos Aires, Argentina). Hasta el 9 de octubre de 2014. 







viernes, 19 de septiembre de 2014

"Mudándome el traje", por Juana Inés de la Cruz


No había cumplido los tres años de mi edad cuando enviando mi madre a una hermana mía, mayor que yo, a que se enseñase a leer en una (escuela) de las que llaman Amigas, me llevó a mí tras ella el cariño y la travesura; y viendo que la daban lección, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer que, engañando, a mi parecer, a la maestra, le dije que mi madre ordenaba que me diese lección. Ella no lo creyó, porque no era creíble; pero, por complacer el donaire, me la dio.

Proseguí yo en ir y ella prosiguió en enseñarme, yo no de burlas, porque la desengañó la experiencia; y supe leer en tan breve tiempo, que ya sabía cuando lo supo mi madre, a quien la maestra ocultó por darme el gusto por entero y recibir el galardón por junto; y yo lo callé, creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden. Aún vive la que me enseñó -Dios la guarde- y puede testificarlo... 

Teniendo yo después como seis o siete años, y sabiendo ya leer y escribir... oí decir que había Universidad y Escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apenas lo oí cuando empecé a matar a mi madre con instantes e inoportunos ruegos sobre que, mudándome el traje (a hombre), me enviase a  Méjico, en casa de unos deudos que tenía para estudiar en la Universidad... 

Yo despiqué el deseo en leer muchos libros varios que tenía mi abuelo sin que bastasen castigos y reprensiones a estorbarlo; de manera que cuando vine a Méjico se admiraban no tanto del ingenio, cuanto de la memoria y noticias que tenía en edad que parecía apenas había tenido tiempo para aprender a hablar.

Del libro El sueño, Juana Inés de la Cruz. Edición y prólogo: Roberto Echavarren. Ediciones La Flauta Mágica.

Imagen: Obra de Jennifer Randall. Sor Juana Inés de la Cruz antes del convento.

Juana Inés de la Cruz. México (Nueva España).1651-1695

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La tierra que papá compró cuando éramos niñas, por Marosa di Giorgio


La tierra que papá compró cuando éramos niñas, quedaba frente del infierno; pero, era tan hermosa; los árboles gigantescos, y las achiras que parecían mujeres con la mantilla negra y la canastita de tizones y pimpollos.



Detrás iban las acacias, las quimeras y el árbol que siempre me daba espuma. El infierno quedaba unos pocos metros más allá, no sé dónde, arriba, entre las piedras y los árboles, parecía un altar. Allí, el fuego ardía, siempre; a veces, era una hoguera; otras, sólo un punto rojo; al volver del colegio, lo miraba fijamente. El dueño aparecía sólo de tarde en tarde; era hermoso, de astas afiladas; la manta le flotaba alrededor del cuello, hecha de su misma leve carne.

Algunos vecinos huyeron aterrorizados. Otros le llamaban: El Señor.


Papá decía: "Si él no molesta a nadie".

Pero yo dormía,apenas; de noche cuando todos dormían me asomaba a las puertas; veía al Dueño ajustar las tenazas; oía el zumbido, el débil grito de las ánimas, que, inútilmente, luchaban por librarse.

Obras: Gabriela Messuti. Argentina. Su web

Marosa Di Giorgio. Uruguay. 1936-2004

lunes, 1 de septiembre de 2014

Obsesión, por Cornelia Parker



Las grietas urbanas son una obsesión que remonta a mi infancia. Crecí en una casa «tudor» de 400 años en el campo inglés. Todas las paredes de la casa estaban agrietadas, y cuando era niña podía llegar a contar un centenar solo en mi habitación. 
En cada agujero veía caras diferentes, y cada noche las repasaba antes de dormir; se convirtió en algo supersticioso. Mi padre era granjero y llevaba siempre una pata de conejo en el bolsillo porque da buena suerte y compartía las prácticas paganas del mundo rural. Me inculcó esos miedos. Mi madre, alemana de religión católica, me transmitió todo eso de ir al infierno y de las manchas negras en el alma, e historias de las cosas terribles que podían pasarte si no hacías las cosas bien. Las grietas en el pavimento se convirtieron en uno de esos miedos infantiles. Y esquivarlas cada vez que viajaba a la ciudad pasó a ser una obsesión. Lo sigo haciendo hasta el día de hoy con mi hija de once años.



Ahora me encanta la ciudad, mucho más que el campo, de hecho, que me parece muy claustrofóbico. En la ciudad puedes esconderte, ocurren demasiadas cosas como para que a la gente le importe lo que haces, y puedes tener una obsesión con las grietas de la acera sin que nadie se de cuenta.

Cornelia Parker. Gran Bretaña, 1956.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Francia prohibe los concursos de belleza para niñas



Meses atrás, el Senado francés se pronunció a favor de una propuesta para prohibir los concursos de belleza para niñas menores de 16 años, con miras a prevenir lo que un informe parlamentario llamó "hiper-sexualización" de las niñas.

La iniciativa, contenida en una enmienda de una ley más amplia sobre la equidad de los sexos, recibió por aplastante mayoría (146 votos contra uno) el apoyo de la Cámara alta del Parlamento francés. El texto aún debe ser aprobado en los mismos términos por la Asamblea Nacional para entrar en vigor definitivamente en Francia.

La enmienda del Senado se basa en un informe parlamentario titulado "En contra de la Hiper-sexualización: Una nueva lucha por la igualdad", que instó a prohibir la ropa de adultos en tamaño para niñas, como los sujetadores con relleno y los zapatos de taco alto, y pidió poner punto final a las competencias para menores de 16 años.

"No permitamos que nuestras niñas crean desde una corta edad que solo valen por su apariencia", dijo la autora del informe y exministra de Deportes de Francia, Chantal Jouanno. Según la enmienda propuesta por el Senado, los organizadores de los concursos de belleza podrían enfrentar dos años de prisión y a una multa de 30.000 euros (40.000 dólares).

Para muchos diputados, esta sanción es demasiado severa, lo que podría llevar a que la enmienda se deseche cuando llegue a la Asamblea Nacional. La medida fue motivada por la controversia causada en diciembre del 2010 por la editorial de la famosa revista de moda Vogue, en la que aparecían fotografías provocativas de una niña francesa de 10 años.
La modelo, Thylane Loubry Blondeau, y otras dos niñas posaron con gran cantidad de maquillaje, vestidos ajustados, tacones y joyas costosas.V ogue defendió las fotografías argumentando que simplemente reflejaban la fantasía común entre las niñas de vestirse como sus madres.

Las fotografías de Vogue generaron controversia en Francia y también en el extranjero, donde fueron cuestionadas. 

Mientras tanto, en EE UU los certámenes de belleza para niñas crecen desmesuradamente. Ver aquí.

domingo, 3 de agosto de 2014

Mujercitas, por Graciela Cabal


1- Si las mandan a separar lentejas de las cenizas, ustedes no vayan.

2- Si les ofrecen una manzana envenenada, digan: Gracias. Acabo de terminar una pera.
3- Si tienen que trabajar para siete y solo les pagan con amor y protección, búsquense otro trabajo mejor remunerado. Que el amor con amor se paga, y el trabajo se paga con dinero.
4- Nunca, por ningún motivo, confundan a sus tiernas abuelitas con bestias feroces. No vayan a arrepentirse...
5- Y si se arrepienten de algo, que sea de algo que hayan llevado a cabo. Para que nadie después venga y les diga: "Mujer: hace mucho que sólo te arrepientes de lo que no has hecho". 

Ilustra, Vestidos escritos, de Alejandra Correa.

Graciela Cabal, Mujercitas eran las de antes?. Argentina, 1939-2004.

miércoles, 23 de julio de 2014

"Yo escribo sobre el paño velado que deja la muerte", Néstor Groppa

Año 1939. 16 de Septiembre. Mi madre en la mesa dice "no puedo levantar el tenedor". Diez minutos más tarde, con los ojos turbios y por tenderla ya en la cama, me ordena "vos a tomar la sopa, que se te enfría". 5 horas después, mi madre ya no vive. En la casa comienzan los llantos, las gentes extrañas, las cosas desusadas. En la casa ha entrado la muerte. En la casa flamante, con la que mi madre había soñado durante años. 16 de Septiembre, casi primavera. Estaban en flor los rosales, el jazminero, los nísperos, la glicina y mi madre. Mi madre estaba en flor: 39 años. Pero la muerte es así. Para la muerte las flores no cuentan antes, ni cuando pasa y se está yendo. De nada vale rodearse o despedirnos con flores. O ser flor.

La casa estaba cercada de eucaliptos. Bajaban los benteveos y cantaban a la hora de la muerte. Todo era extraño para mí, hasta mi abuela materna maldiciendo en napolitano o romano al Corazón de Jesús (con una ramita de olivo). Siempre siguió siendo una pesadilla el benteveo, el eucalipto, la casa sola y llena de gente. La muerte siempre resulta extraña. El recuerdo, a veces, es una lágrima color de cielo y tierra y otras, un abrazo para toda la vida, olvidado y presente.

Y yo escribo sobre el paño velado que deja la muerte. Sobre el polvo definitivo que nace ese día. Sobre mi madre y mi casa que ya no están. Sobre la pesadilla del cielo que sostengo con estas manos. Sobre mil flores nacidas hasta hoy y que siempre miré como un homenaje a Vicenta Groppa de Alvarez y su casa de Laborde, su casa de inmigrante, que por fin la tuvo para morirse en ella a los dos meses de estrenarla.
Néstor Groppa, Argentina (1928-2011). In memorian.
De "este Otoño", del blog La infancia del Procedimiento, Apuntes de Osvaldo Aguirre.
Obra de Gustav Klimt, Ria Punk en el lecho mortal (1912).